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Greg McKeown escribe en el Harvard Business Review sobre la manera en que determinadas prácticas o hábitos diarios pueden ayudarnos a reducir el estrés que acumulamos con poco esfuerzo. Lo hace a través de la historia de un tal Bill Rielly -que perfectamente puede ser un señor que solo exista en la cabeza de Greg McKeown o bien un señor que es ejecutivo de verdad en Apple- que lo tenía todo para ser un triunfador de la vida pero a pesar de ello sufría de bastante estrés y ansiedad. Os cuento una versión libre y si queréis saber más podéis acudir al original en inglés.

A lo largo de un largo camino autoconsciente para lograr reducir el estrés, nos dice McKeown, Rielly encontró cinco herramientas o hábitos para ayudarle a reducir el estrés diario y mejorar su nivel de vida. Por aquello de ir al grano, son estas:

Respirar hondo: hacer profundas inspiraciones y expiraciones ayuda a ser más paciente y a tomarse las cosas con más calma. Permite ver los problemas en perspectiva y buscar nuevas soluciones con más brío.

Meditar: con que tan solo pares un minuto para hacer un “escaneo corporal” -esto es, dejar la mente en blanco y concentrarte en cada parte de tu cuerpo de la cabeza a los pies- puedes mejorar tu control emocional y tus capacidades mentales. McKewon se apoya en este estudio de Harvard para exponer que un programa de meditación de ocho semanas puede ayudar a incrementar la materia gris en las áreas del cerebro responsables del control emocional y el aprendizaje.

Escuchar: sobran las palabras. Si centramos la atención en lo que nos están contando lograremos una mayor conexión con quienes nos rodean -con los consiguientes beneficios de la socialización y de una comunicación más fluída con los demás- y, supongo, evitaremos la tentación de estar pensando mientras nos hablan en eso tan cansino que tenemos que hacer en el trabajo o en a ver qué preparo yo el domingo que viene la familia a comer.

Cuestionar: básicamente se trata de no llenarnos la cabeza de pensamientos negativos y, sobre todo, de problemas que no existen en realidad. Yo aquí añadiría que es conveniente erradicar los “ysis”, que vienen a ser esos “¿Y si me pasa esto? ¿Y si ocurriese aquello?” que muchas veces nos hacen pasar horas de preocupación por situaciones que ni se han dado ni se van a dar.

Centrarse: McKeown habla en realidad de tener un propósito (“purpose”), pero yo lo interpreto de esta manera cuando dice que si vas a ver la tele, ve la tele y si decides que vas a comer, dedícate a disfrutar de la comida. Es decir, que si te sientas a compartir una película con tu pareja o tu familia o cenas con tu madre, igual no es buen momento para mirar 37 veces el Facebook o el mail, sobre todo si son mensajes de trabajo. Esto, mira, creo que me lo voy a tener que aplicar, porque mi adicción al smartphone a veces raya lo preocupante. Y eso que me he quitado Twitter… Casi.

La conclusión final es que hay que tomarse las cosas con más calma, incluso cuando nos marcamos objetivos. Igual no hace falta escribir 60 posts al día y te puedes conformar tan sólo con publicar 30.

El artículo original -en inglés, como os decía-, lo podéis encontrar aquí.

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