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Tengo ganas mil de traerme a casa un robot aspirador. Odio las tareas del hogar con pasión desmedida y la idea de un aparato que se encargue de la limpieza me motiva como ninguna. Aunque parece ser que la parte fuerte del negocio no está en la limpieza, sino en la “comprensión espacial”, es decir, en la capacidad del aparato de mapear nuestros hogares para decidir además la mejor forma de cumplir con su cometido.

Lo explica Colin Angle –el CEO de iRobot, la empresa que fabrica los Roombaen una entrevista que he leído en la versión española del MIT Technology Review. Y me fascina la idea de que la fregona –tengo una amiga que asegura que su modelo no solo barre sino que también friega, lo cual me parece lo mejor de la vida- sea el explorador que guíe al resto de aparatos de un hogar inteligente avanzado. Este párrafo expone bien el concepto:

“Los robots y otros dispositivos del hogar inteligente necesitan comprender el entorno para poder descubrir qué deben hacer. ¿De qué sirve entender la frase: “Ve a la cocina y tráeme una cerveza”, si el robot no sabe dónde está la cocina? Este ecosistema también podría incluir termostatos, luces, persianas, cerraduras de puertas, sensores de humedad, televisores, radios y altavoces inteligentes.”

El otro día conversaba sobre este tema con un grupo de amigos bastante más escépticos que yo sobre la cuestión. Especialmente por el tema de la privacidad, sobre todo por el hecho de que, en realidad, desconocemos quien tiene acceso o no a la información que recopilan los aparatos sobre nuestros hogares. Y es que ya no es solo que sepan en qué lugar de la casa hemos puesto la cómoda que hemos comprado en el IKEA, sino que también es posible que deduzcan, por ejemplo, si estamos en casa o no a determinadas horas o si nos hemos ido de vacaciones. Entiendo que no a todo el mundo le guste ese abanico de posibilidades.

Mientras llega ese futuro –a cinco años vista, dice Angle-, yo, que soy fanático de la cosa y enfermo de la monitorización exhaustiva, voy a empezar a hacer mis pinitos en mi modesto piso. De momento con una báscula inteligente -que ya- y una pulsera fitness -que casi- para mejorar mis entrenamientos. Reconozco que como principio de hogar hiperconectado no es gran cosa, pero es un hálito de esperanza para mis pobre macetas, que sé que desean con fuerza que me compre un Xiaomi Mi Plant.

Escucha”#1235 Xiaomi Mi Plant” en Spreaker.

Aunque sabe España que la verdadera revolución está en un robot que doble la ropa. Mi reino por uno. Y que tienda. Uy si la tendiese…

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