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“Incluso países muy alejados de Oriente Medio y con una tradición religiosa opuesta a la wahabí o salafista reciben la atención saudí. En Indonesia llevan años extendiendo su influencia en un país de 260 millones de habitantes. En un país tan inmenso, la estrategia consiste más en formar a los líderes religiosos del futuro.”

“Adoctrinamiento. Textos wahabíes traídos desde Arabia Saudí. Imanes y profesores a sueldo de Riad. Abandono de las costumbres locales. Radicalización. Alistamiento en el ISIS o antes Al Qaeda. Es una cadena que se repite en distintos países del mundo. No siempre acaba en terrorismo, pero siempre comienza con la llegada de alguien con una oferta económica que no se puede rechazar y que promete el auténtico islam.”

Esto es de Íñigo Sáez de Ugarte, en un artículo en el que explica detalladamente “por qué las ideas religiosas saudíes han sido el terreno más fértil para el terrorismo yihadista“. Más que una conexión directa entre Arabia Saudí y el DAESH, lo que parece existir es una estrategia para extender e imponer por todo el mundo la visión wahabita del Islam. Una rama intolerante y ultraconservadora de la religión musulmana a la que los terroristas se acogen y que está regada en su expansión por ingentes cantidades de dinero.

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