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Farhad Manjoo ha escrito un acertadísimo artículo en el NYT en el que le sugiere a Jeff Bezos, el ultrasupermegarico fundador de Amazon, que si de verdad quiere ayudar a resolver los problemas del mundo con su inmensa fortuna (162.000 millones de dólares, ahí es nada), lo mejor que puede hacer es contribuir a que nadie pueda hacerse tan rico como él.

“La riqueza extrema de Bezos no solo es producto de su propio ingenio. También es el resultado de varias grandes fuerzas que le dan forma a la economía global. Una es el impacto desigual de la tecnología digital, que ha reducido costos y traído comodidades a muchos, pero cuyos beneficios económicos directos se han acumulado en un pequeño número de empresas superestrellas y sus accionistas más grandes. Además está el efecto de las políticas económicas y laborales, que en Estados Unidos no han podido solucionar el problema de las concentraciones de riqueza impulsadas por la tecnología, sino que a menudo solo lo han agravado.”

Este es un debate que la izquierda -tan a por uvas como siempre- debería estar introduciendo en la agenda todos los días, sin descanso y de forma casi monotemática. La riqueza está increíblemente mal repartida. Obscenamente mal repartida y encarcelada en un discurso predominante en el que los trabajadores casi son vistos como meros espectadores de la creación de riqueza en lugar de como parte activa.

¿De verdad quieren los Jeff Bezos o Bill Gates de turno arreglar los problemas del mundo? Hablemos de redistribución. “Lo que nos pasa no es casualidad, parece ser que se reparte mal”, reza una canción rockera ya bastante antigua.

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