La creación de contenidos propios, un desafío para los comerciantes

En 2018, el comercio minorista fijará su mirada en la creación de contenidos. O así lo cree Jacqui Cheng, redactora jefe de The Wirecutter, que expone en un breve artículo en Nieman Labs sus pensamientos al respecto:

“Already, we’ve seen a few major retailers dabble with hosting and creating their own editorial content in order to win over the trust of shoppers on their site, and this has been increasing at a slow clip throughout the last couple years.”

Según Cheng, la razón de esta incursión de los comercios en el mundo del contenido digital es la de obtener una voz “auténtica” con la que dirigirse a los consumidores. La editora del Wirecutter también se plantea si esto se hará mediante acuerdos con empresas externas o bien se contratará a redactores propios para llegar hasta el público. Para los clientes, en cambio, el desafío será el decidir en quien confiar y en quien no.

El texto se enmarca en una serie que ha iniciado Nieman Labs en la que expertos en periodismo y medios digitales hacen sus predicciones para el 2018.

Una breve reflexión sobre la bulimia audiovisual y el consumo desaforado de contenidos en la red

El otro día estaba leyendo este artículo que básicamente trata el “no me da la vida para ver todas las series que quiero ver” ¿Se pueden ver 50 series al año y no estar loco? Difícil lo veo salvo que te dediques profesionalmente a ello. Y lo mismo pasa con el resto de productos culturales ¿Cual es el máximo de películas, libros, discos, etc. del que podemos disfrutar sin perder la chaveta o caer en la bulimia audiovisual más absurda?

Hay algo sobre lo que se está perdiendo la perspectiva, o al menos así me lo parece. Y es que en esta era de la superabundancia de contenidos es absolutamente imposible ver una gran parte de lo que se produce. No digamos ya todo. Incluso encerrados en una habitación consumiendo series, leyendo libros y escuchando música al máximo de nuestra capacidad parece una tarea de titanes… Con un objetivo nada claro ¿Estar a la última? ¿No perder el hilo de la conversación con las personas de nuestro entorno? Lo cierto es que consumimos el último producto, la última historia, la reflexión más reciente y la escupimos para no perder el hype de la próxima, sin darnos tiempo a profundizar en lo que acabamos de ver o leer. Nos imponemos retos de lectura, objetivos de consumo de películas… Y la meta no está nada clara más allá de intentar verlo todo como si no fuese una lucha tan en vano como la de Sísifo contra la roca.

Yo, por mi parte, aunque no abandono mi reto de lectura, claro, estoy aprendiendo a combatir la ansiedad del “loquierovertodoparapoderopinar” y a obviar las cosas que realmente no me interesan. Me estoy volviendo más selectivo con los contenidos que consumo y con la cantidad de tiempo que dedico a ello. Y me encanta. Como me encanta haber pasado de dedicarle ni se sabe el tiempo a Twitter a unas pocas consultas al día. Un poco de desdospuntocerización no viene mal, créanme. Lo cual tampoco implica que volverse un ludita que viven en una cueva aislado del mundo, pero si aprender a apreciar el mundo que hay ahí fuera, más allá de las pantallas. Si usted ya lo hace, enhorabuena.

Con las noticias me pasa lo mismo. He dejado de acudir -casi- a las homes de los medios y ahora lo que tengo es una dieta a base de newsletters, listas de twitter y feeds que me proporciona una buena selección de contenidos que me interesan. Lo malo es que empiezo a notar que lo que comenzó, eso, como una dieta, lo mismo degenera en un síndrome de Diógenes que está atiborrando mi feedly y mi bandeja de entrada. Va a ser hora de sacar la escoba también por esos lares.

Y esta era la tontería que les quería decir hoy.