Que yo soy disperso, cohone!

Ha vuelto a ocurrir.

Los cambios en mi (s) blog (s) son una especie de tormenta tropical. Tienen su temporada en determinado momento del año, llegan, arrasan todo y al ver el destrozo siempre se me queda cara de “OK. Empecemos de cero”.

Bueno, esta vez no pretendo empezar de cero. Lo que había, aquí se queda, aunque el cambio de apariencia es total. Estoy harto de los themes tipo magazine. Enserio, antes como que eran mis favoritos en el mundo entero y no podía vivir sin ellos. No concebía escribir en un blog que no pareciese la puta web del Huffington Post. Y ahora, en cambio, quiero una columna. Una para meter todos los contenidos que se me ocurren a lo largo del año. Una columna para dominarlos a todos.

Y una vez conseguida esa columna eterna, me he cargado los menús, las categorías y a la madre que los parió. Supongo que seguiré categorizando los posts, más que nada porque en algún momento querré encontrar alguno en concreto o mirar lo que he escrito sobre algún tema previamente y no quiero tener que llamar a Marie Kondo para que me lo localice. Además, fijo que me borra la mitad de los textos. No se si habéis leído su famoso libro, pero esa señora llega a tu casa, llena los contenedores de tu barrio con todo tu stuff y se va; así, sin miramientos ni nada. Cuando terminé de leer “La magia del orden” me puse a organizar el armario y me deshice de tres bolsas de basura azules del Eroski tamaño estándar llenas de ropa. Esto fue hace unas semanas y no tengo remordimientos, pero se que he dejado cosas en el tintero. Ella dice que te quedes sólo con lo que te haga feliz; y yo digo que te quedes con lo que te quepa en los armarios sin que parezca que los cajones están vomitando camisetas de manga larga.

El caso es que estoy en plan minimalista con el blog. Y por eso este nuevo estilo Medium que gasto ahora. Eso y porque el rollo revista acaba por obligarte a uno de los males de estos tiempos. El “especialízate”. Porque no se si lo sabéis, pero todos los guruses que se precien de serlo te dicen que eso de escribir hoy de tecnología y mañana de tus vacaciones en Zaorejas es una cosa que está pero que muy mal y que así no vas a ninguna parte en la vida y que en Sillicon Valley no te van a querer ni para llevarles el café de mierda que a mi, por aquello de la envidia mal llevada, me gusta pensar que toman en la sede de Google.

Y eso que lo he intentado. Tengo mi canal de Youtube con vídeos más o menos especializados y en el blog… pues mira no me da la gana, porque yo soy disperso. Así, con todas sus letras: D-I-S-P-E-R-S-O. Y esto es algo que me cuesta aceptar ¿Eh? No creáis. Porque las megaguías del éxito dicen -y lo mismo con razón- que para llegar a ser algo en la vida y crear un producto/servicio exitoso hay que ser constante y centrarse. Y yo, ni una ni otra. La constancia me va y me viene y lo de centrarse es como muy de consejo de madre preocupada. Vamos, que por este camino a mal destino arribamos, Horse Luís.

Pero ser disperso tiene sus ventajas. Una es que me permite libertad total para desvariar aquí sobre lo que quiera. Y está bien porque, al fin y al cabo, este es mi blog y no me va a dictar el contenido uno que llega de nuevas desde su ordenador ponte que en Filipinas.

La otra es que me hace feliz y, últimamente estoy yo en plan cumple tus sueños vía haz lo que te de la gana. Ya ven, llevándole la contraria a los expertos. Especializarsus vosotros, que yo ya tal.

Hala, bienvenidos a la nueva era de este blog. Una era anárquica y muy loca.